UNO
 
  Introducción:
 
Jesús nos enseña a tener esperanza, es decir, a pasar los momentos difíciles de hoy con la certeza que tendremos un mañana mejor.
La esperanza nos anima a sembrar, aun cuando la sequía y la inundación arrasaron con lo que habíamos plantado.

La esperanza nos anima a construir, aún cuando el incendio, el huracán o la maldad han reducido a escombros lo que habíamos edificado.
La esperanza anima a los enamorados a casarse, tener hijos, formar un hogar, aún cuando muchas familias se han desintegrado.


La esperanza anima la fe de los creyentes, en un mundo en el que muchos han dejado de creer.
"La actitud fundamental de la esperanza, de una parte, mueve al cristiano a no perder de vista la meta final que da sentido y valor a su entera existencia y, de otra, le ofrece motivaciones sólidas y profundas para el esfuerzo cotidiano en la transformación de la realidad, para hacerla conforme al proyecto de Dios".

 

 

  La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de la felicidad puesto por Dios en el corazón de los hombres; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege el desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna.
El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad.
Jesús es un hombre de esperanza y nos invita a todos a ser hombres y mujeres de esperanza, es decir a superar los fracasos de ayer, a realizar nuestro mejor esfuerzo hoy, confiando en que de esa manera construiremos un mañana mejor.
Jesús, además de confiar en la acción del Espíritu Santo, confía en la capacidad de convencimiento, la fidelidad, la creatividad y la vitalidad misionera de sus discípulos dando por sentado que mediante el trabajo de ellos otros llegarán a creer en él. Qué importante es tener y sobre todo transmitir confianza en aquellos que continuarán la obra iniciada.


Salvador Gómez

 

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Jesús nos da la esperanza

"En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará.
Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.
La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado ha luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.
También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.
Aquel día no me preguntaréis nada.
En verdad, en verdad os digo: Lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre".

(Jn. 16, 20-23)